Felip Puig, psicópata


Con la intención de ganarse la confianza del Banco Central Europeo, Felip Puig ha conseguido demostrar por enésima vez a la ciudadanía (y a los inversores sin interés en ignorar los hechos sociales y sus consecuencias a largo plazo) su incompetencia y la erosión de su legitimidad con un solo gesto autoritario.  Nada nuevo para el Conseller d’Interior Catalán, que famosamente prometió ir “hasta donde la ley permite, y un poco más” para aplastar los movimientos sociales en Cataluña.

La securitización del debate político empezó con la prisión preventiva impuesta a estudiantes, activistas y sindicalistas en las secuelas de la huelga general del 29M, con la excusa de que existía un riesgo de fuga y reincidencia por parte de los detenidos de cara a las manifestaciones del Día del Trabajador y las protestas contra la cumbre del Banco Central Europeo del 3 de mayo.  Luego, solicitó que el gobierno español suspendiera el protocolo Schengen, el cuál garantiza la libertad de circulación de residentes europeos en el continente, por razones de seguridad.  Y el gobierno de Mariano Rajoy cumplió esta orden.

Además de estas medidas, Felip Puig anunció la creación de una web de delación, la cual incitaría a ciudadanos y ciudadanas a identificar fotos de manifestantes supuestamente participando en los daños al mobiliario urbano durante la jornada de huelga general del 29M.  Además de ser ilegal (ya que viola los derechos de intimidad de personas no identificadas e incluía a personas menores de edad), es una decisión excepcionalmente desabrido en un país que aún sufre las heridas de una guerra civil.

Todo este alarmismo le llevaría a uno a pensar que Al Qaeda, la KGB oculta y facciones armadas del Illuminati disidente por fin se juntarían con activistas altermundistas en Cataluña.  El único problema es que nadie había convocado ninguna manifestación contra la cumbre del BCE.  De hecho, para muchas activistas, las declaraciones de Puig al respecto marcaron la primera vez que oían de la cumbre.

Lo que sí coincidió con la fecha del 3 de mayo fue una manifestación estudiantil masiva y curiosamente humilde contra el aumento desorbitado de las matrículas y en solidaridad con los estudiantes en prisión preventiva, los cuales llevan en prisión desde hace más de un mes.  Hacía un día de postal y, de hecho, los estudiantes lo aprovecharon de la mejor manera posible: una huelga, un paseo por el centro y comida popular en la Universitat Pompeu Fabra con la intención de recaudar fondos para ayudar a los compañeros detenidos con los gastos legales.  Sin embargo, el Apocalypse Express ya había salido de la estación, y el rector de la UPF decidió cerrar la universidad citando, de nuevo, los riesgos de seguridad que suponía la proximidad de esta universidad con el Hotel Arts, donde se realizaba la cumbre del BCE.

Mientras escribo esto, siguen habiendo unos 8.000 antidisturbios manteniendo el orden en la ciudad y garantizando la fluidez de una manifestación que solo existe en la mente de Felip Puig (y en el ‘trending topic’ #manificcion).  Lo absurdo de la situación me recuerda a algo que me dijo mi padre hace unos años, cuando le pregunté sobre la diferencia entre un neurótico y un psicópata.  <<Un neurótico se imagina el castillo en el cielo, mientras que un psicópata vive en él>>.  No se me ocurre mejor caracterización de la perspectiva de Puig en su yihad contra la disidencia.

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Filastine y la imaginacion como insurreccion

La música es un idioma en donde todos los lenguajes se reúnen

Eduardo Galeano

Existen artistas que hacen arte y otrxs que, además, hacen vida.  Cuando la gratüidad de la descarga nos ofrece una infinidad de sonidos exóticos y artistas novedosxs para estimular la sinapsis y sus placeres, da la sensación de que la facilidad del descubrimiento conlleva una superficialidad e inmediatez que impiden la capacidad del arte para echar raíces, alimentar nuevas mitologías y construir nuevos imaginarios.  Dicho de otro modo, ganamos artistas que hacen arte y perdemos algunxs de esas que además hacen vida.  Robert Johnson, Billie Holiday, Miles Davis, John Coltrane, Elvis Presley, the Beatles, Janis Joplin, the Velvet Underground, Kurt Cobain…todas son figuras que, a través de sus canciones, no solo interpretaron sus épocas sino que las representan a día de hoy.  Las historias que generaron perduran para dar forma a nuestras ideas sobre la vida, la alegria, el conflicto, la tristeza, la euforia, la experimentación, lo familiar y comodo, lo exótico y transgresivo o la emancipación.

Pocxs son lxs artistas que creo que cumplan estas tareas en el escenario musical del siglo XXI.  Filastine es uno, el único artista actual que conozco que se gana el calificativo de legendario.  En los años 90, su grupo post-industrial ¡Tchkung! empleaba ritmos nómadas, violines folklóricos, bajos distorsionados y bailes de fuego en directos que terminaban con marchas y disturbios por la costa del oeste de EEUU.  Luego ese grupo dio paso al Infernal Noise Brigade, la famosa batucada que protagonizó los disturbios en la cumbre de la Organización Mundial del Comercio de Seattle en 1999.

Su nuevo disco £00T es, con diferencia, el álbum de lo que va de 2012 para mi.  Se trata de música electrónica, pero esto no es para nada lo que vas a escuchar en la Razz o Ibiza.  Y aunque las ondas radiofónicas, los anuncios de Nike y la propaganda intervencionista yanqui de KONY 2012 estén plagadas de los graves característicos del dubstep, no vas a oir nada que suene como las composiciones diaspóricas de este disco.  Pero lo que me fascina no es solo la musica, sino el como hacer de Filastine.

Filastine es el Banksy del ‘bass music’.  Que una campaña de promocion de disco incluya entrevistas en medios de masas es bastante típico.  Que PayPal censure y bloquee la cuenta del sello que edita el disco por circular una moneda pirata-utópica es otro tema.  Y redefinir el videoclip como una oportunidad para hacer fotoperiodismo reivindicativo, financiado por ‘crowdfunding’, sobre las zonas de conflicto ecológico en Indonesia tiene unas implicaciones más que interesantes para un oficio en peligro de extincion, como es el periodismo (alternativo).

Si todo esto te parece poco más que el ‘artisteo’ de siempre, solo te recordaré que Elvis Presley hizo mucho más para rompar el mojigatismo gringo de mediados del siglo XX con su pelvis que muchos sindicalistas con sus manis.  Eso y que, como compa y colega que es, te puedo decir que Filastine lucha, ha luchado y luchará día a día con mas garra y creatividad que muchísmas de las personas que he conocido en mis años de militancia.

Lo que es mejor es que aquí no hay ninguna multinacional ni ningún estado detrás; lo que ves es nada mas y nada menos que los esfuerzos de unas poquísimas personas trabajando en red que se dicen Post World Industries y que quieren compartir su arte.  Y ese arte es estetizar un mundo que pide nuevos escenarios para contar nuestros sueños, nuestras vidas y nuestras luchas.  Ya sabes, lo que viene a ser nuestra historia:

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Suma y sigue: el ciclo de la huelga prepara el #12M15M

Versión en castellano del artículo escrito a cuatro manos

con Raimundo Viejo para ROAR Mag.

De manera muy predecible, la mayoría de la cobertura de los medios neoliberales sobre las huelgas generales del 29M se centran en los daños a la propiedad privada y mobiliario urbano que protagonizaron las protestas de la tarde en Barcelona, cuando cientos de ciudadanos encapuchados prendieron fuego a varios bancos, la central de MoviStar, un Starbucks, El Corte Inglés y el Espai Cultural de Caja Madrid.  No es casual que los representantes conservadores de nuestras instituciones en erosión recurran desesperadamente a términos como <<el instinto criminal>> para pintar las protestas como una forma de violencia.  Enfrentados por una situación en la cual la destrucción de propiedad gana legitimidad, y habiendo agotado el discurso del miedo y la amplificación de la escala de represión en las semanas previas a las movilizaciones, lo único que les queda para criminalizar a personajes protofascistas como Felip Puig es criminalizar ese instinto humano que valora la vida por encima de la propiedad.

Estos esfuerzos por dividir a la ciudadanía con un debate abstracto sobre <<la violencia>> chocan con la realidad de lo que ocurrió ayer en todo el estado español y lo que lleva ocurriendo aquí en los últimos meses.  Ciertamente hubo varios actos de violencia dirigida hacia las personas a lo largo de la jornada del jueves, pero ninguno protagonizado por los manifestantes.  En Torrelavega, un empresario atacó a una piquetera con un cuchillo.  En Euskadi, la Ertzaintza ha dejado a un chico de 19 años en la UCI en estado grave tras reducirle a porrazos y dispararle a bocajarro en la cabeza con una bala de goma.  En Barcelona, 20 personas fueron heridas por las balas de goma de los Mossos d’Esquadra, un joven ingresó en el Hospital del Mar con el bazo reventado y un hombre ha perdido un ojo.  Y a escala mayor, los bancos españoles y su gobierno cómplice echaron a 58.200 familias de sus casas en el 2011, sin apoyo y endeudadas con intereses.

El hecho (y lo que aterroriza a la elite española) es que las huelgas del jueves han sido un nuevo éxito de la política de movimiento. Que los ayuntamientos en manos de los conservadores hayan optado por encender la luz durante el día con el único objeto de intentar menguar las estadísticas que prueban la parálisis total del país es la mejor prueba. Manipulan de manera burda hasta las más elementales reglas de juego.

Pero si hemos dicho “huelgas” y no “huelga”, en singular, es porque, en realidad, esta huelga ha sido doble. Por una parte ha sido la huelga general convocada por los timoratos sindicatos españoles, siempre prudentes a la hora de convocar a la movilización social y que durante las últimas décadas han dejado la iniciativa a sucesivos gobiernos y partidos. Pero, por otra parte, también ha sido una huelga otra; una forma emergente de repertorio de acción colectiva que apenas ha comenzado a dar sus primeros pasos, pero que como hemos podido ver desde la anterior huelga del 29S madura a gran velocidad.

En efecto, la huelga general sindical está viendo emerger otro tipo de huelga: la huelga metropolitana del precariado, animada por redes de activistas que no han cesado de formarse, de agregarse, de recombinarse en los últimos meses. Este otro tipo de huelga ha desbordado el viejo repertorio de la parálisis del transporte, del paro fabril, del colapso de la producción provocado desde los centros de trabajo y  ha puesto de relieve otro repertorio concurrencial, innovador, dinamizador y capaz de proyectar sinérgicamente la política de movimiento más allá de sus formas tradicionales: centros universitarios ocupados desde el lunes para reforzar los bloqueos del transporte, huelgas de consumo, piquetes metropolitanos de jóvenes, migrantes, mujeres o gente mayor y el anonimato al estilo black bloc que facilitó esa destrucción de propiedad (incluyendo el pequeño robo de una sala de bingo).  La riqueza desplegada una vez más por esta multitud no conoce las limitaciones institucionales de la acción social concertada que en su día se instituyó con los Pactos de la Moncloa.

El progreso del nuevo repertorio no es fácil, todavía no está institucionalizado y apenas alcanza a definir una estrategia común. Por si fuera poco, la izquierda tradicional, tras años de resistencialismo y posiciones defensivas, no pocas veces lo ha atacado de manera visceral, ideológica, carente de alternativas que ofrecer más allá de la hegemonía que ha mantenido sobre el trabajo representado en las negociaciones (cada vez más distante y menos representativo del trabajo real). No importa, la ola de movilizaciones prosigue con éxito un camino que deja ya una estela de éxitos: el 29F, el 17N, el 15O, el 15M, el 29S…

Esta ola es imparable. No al menos mientras el régimen político no cambie de rumbo. Nada apunta a que será así. Ya en verano el mando blindó el régimen contra cualquier posibilidad modificando la Constitución de 1978 para poner el pago del déficit por encima de los derechos de los ciudadanos por medio del pacto entre el partido socialista y el partido popular. A pesar de la persistente reivindicación del 15M para modificar la ley electoral, los grandes partidos, obscenos beneficiarios de esta lógica, están dispuestos a seguir manteniendo esta piedra angular del mando mientras sea posible.

A día de hoy, la única oposición de masas disponible al pueblo es en sus calles.  Sólo la movilización en la calle, la emergencia de nuevos actores, la disociación y el distanciamiento entre la constitución formal del gobierno y la constitución material de la sociedad, abren una posibilidad con futuro. La ruptura del régimen y la instauración de un régimen alternativo es cada día menos el deseo ideológico del revolucionario y más el imperativo de la situación cotidiana de la gente corriente. Quien quiera trabajo tendrá que organizarse en una cooperativa.  Quien quiera aprender tendrá que organizarse su propia universidad alternativa.  Quien quiera informarse tendrá que recurrir a los medios alternativos.  Y quien quiera obtener cultura tendrá que compartirla. Este es el régimen político del común que progresa a día de hoy en las calles y que veremos en las instituciones alternativas de mañana.

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Contando contenidos (I): DOINNOTHIN’

Eso que aún se llama virilidad no es más que el infantilismo de los hombres, del mismo modo que la femininidad es el infantilismo de las mujeres.  Por lo demás, tal vez debería hablarse de virilismo y de «feminismo», cuando tanto voluntarismo se mezcla con la adquisición de una identidad [Fuente]:

Si ni la naturaleza ni dios son capaces de obligar a las personas a obedecer la ley, la violencia suele asumir la tarea.  Mira lo que ha ocurrido durante los últimos meses en Nueva York, Los Angeles, Dallas, Portland, Chicago, Atlanta, Egipto, Siria, Yemen, etc; en los campus, las calles, los puentes, los parques y en otras partes.  La policia mantiene el orden incitando el caos.  Los derechos inalienables de expresión y de reunión son revocadas en nombre del estado.  Los tiempos resuenan con canciones de cambio y la ley responde mediante la restauración de lo mismo.

Al ser violento, el estado sigue detrás del rumbo de la vida.  El propósito de la violencia estructural es la restauración de un pasado que ya no participa en la vida tal como es vivida.  Esta violencia impone nuevas leyes para hacer valer el orden contra la reivindicación del cambio.  Sin embargo, se esconde una paradoja: lo nuevo es esencialmente lo viejo.  En el acto coercitivo, la ley se vuelve cada vez la nueva ley. Para mantener el poder, el Estado debe ser a la vez legal y violenta, un refugio de la antigua ley y una fuente de lo nuevo. [Fuente]:

«Tenemos empresas de seguridad privada vigilando instalaciones de la Policía y del Ministerio de Defensa», planteó Puig durante una jornada sobre seguridad privada en el Instituto de Seguridad Pública de Catalunya (ISPC). [Fuente]

La Sierra Nevada Corporation afirmó esta semana que está lista para producir la MEDUSA.  El dispositivo explota el efecto de audio de microondas, en los cuales los impulsos cortos de microondas calientan rápidamente el tejido, provocando una onda de choque en el interior del cráneo que puede ser detectado por las orejas. Una serie de impulsos puede ser transmitida a producir sonidos reconocibles.

El dispositivo está destinado para aplicaciones militares o de control de masas-, pero puede tener otros usos. [Fuente]

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P. Antes fue la tecnología informática la que centraba sus tramas de conspiraciones, ahora la moda. ¿Es imaginable que juegue ese papel? ¿Intereses militares detrás de la moda? Me ha encantado ver a miembros de las Fuerzas Especiales involucrados en un asunto de pantalones.

R. La relación entre moda y ejército descrita en la novela es real, aunque la he ensalzado y exagerado ligeramente. Es una de las cosas más extrañas que no he tenido que inventar. Lo descubrí cuando me pidieron que participara en los encuentros de creación de marca de una nueva línea de un importante fabricante de ropa deportiva. Al principio no pude creerlo, pero era cierto.

P. Muestra un mundo en el que el mercado es de una naturaleza cada vez más virtual. ¿Lo ve así?

R. Si es cierto que somos, como nos han dicho durante varias décadas, una sociedad posindustrial, entonces el marketing es el grueso de lo que hacemos.  [Fuente]

«Ni luchar ni confrontar, sino desertar; ni reivindicar ni pedir, desplegar aquí y ahora el mundo en el que queremos vivir; ni actuar ni movilizarnos, sino entregarnos a cierto abandono. Hacer fuerza de nuestra debilidad.

El capitalismo nos exige una disposición permanente al deseo, al contacto, a la producción. Un tiempo permanentemente ocupado, bajo presión, en pos de resultados. Hoy es obligatorio estar contentos, ser optimistas y positivos. Debemos proyectar constantemente la imagen de que sabemos, de que va todo bien, de que tenemos las cosas bajo control, de que somos fuertes. Pero, ¿no nos exige demasiadas veces lo mismo el activismo político? Lucha, resultados, la respuesta en la boca, la moral siempre alta, fuera los tímidos, los dubitativos y los melancólicos…

¿No podríamos formar un ejército de débiles, de torpes, de ignorantes? La consigna sería: “sí, estamos deprimidos, qué pasa”? El programa: “no sé”. La huelga, no hacer nada de nada, ni siquiera movilizarnos. Do nothing day… un miércoles, luego el jueves y así.

[...]

Interrumpir la presión, no responder a la destrucción con más destrucción, abandonar  las filas, disfrutar.» [Fuente]

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Imaginando la huelga: Un día de vida

Street Party by John Jordan [London]

Street Party de John Jordan [Londres]

El 29 de marzo hay convocada una huelga general de 24 horas, a nivel estatal.  Tras una astenia primaveral importante, las inercias burocráticas de los sindicatos nos abren una estructura de oportunidad política para incidir en el espectáculo mediático y las estructuras de legitimación que en éllo operan.  Habrán manifestaciones, piquetes, tensión entre las fuerzas del orden y la ciudadanía, guerras de cifras, tíos en monos azules, tíos con bello facial y estética business-casual-campechano hablando sobre contratos y convenios y cifras.  Es el escenario favorecido por las instituciones de una normalidad artificial e impuesta, que busca que nuestra conducta se fije a los automatismos de un estado-sin-soberanía absolutamente entregado a los procesos abstractos que rigen los mecanicismos de un capital financiero que le supera.  Los medios hablarán de nuestro derecho democrático a expresarnos y problematizarán todas esas acciones que trasgredan su normalidad.

La normalidad popular, sin embargo, ya fue trasgredida hace tiempo.  Lxs que tenemos trabajo estamos apretando cada vez más para tener cada vez menos y pasar menos tiempo con las personas que queremos haciendo las cosas que nos llenan.  Lxs que no tienen trabajo sueñan con tener esa suerte, y no hay nada más alienante que cuando el trabajo se apodera de tus sueños.

El propósito de una huelga general es romper con la producción y el valor capitalista para reafirmar que nuestras comunidades y nuestras vidas son nuestras.  En las huelgas generales, tenemos 24 horas para demostrar que todas nuestras calles y todos nuestros espacios comunes nos pertenecen y existen para ser vividas y compartidas.

¿Y si hicieramos de esas horas una macrofiesta popular?

Un día entero para comer juntxs al sol y conocer a nuestras artistas y productoras locales, que con conciertos, comedores, teatro, tertulias y puestos en las calles (no las ceras) nos invitan a disfrutar de la vida en común, sin la intervención del mando neoliberal.  Un día entero en el que le hacemos el feo a las estructuras capitalistas y transferimos el consumo hacia instituciones alternativas, autónomas, cooperativas y ecológicas.  Puede ser que haya demasiada rabia acumulada para que una movilización tan buenrollista tenga éxito.  Pero si algo ha quedado claro en las semanas previas a su convocatoria, es que el gobierno y los medios ya hablan de esta huelga general como una más en el periodo de la democracia, una que es de esperar tras una reforma laboral agresiva.  Y saben, como nosotrxs, que no es una situación cualquiera y que lo que puede desbordar las movilizaciones masivas es el malestar generado no por una reforma laboral sino por la acumulación de medidas extremistas en contra de los derechos sociales y la invasión del capital financiero en todos los aspectos de la vida.  Por eso se opta por meternos el miedo en el cuerpo.  Como nos dice John Brown, el 29M es una huelga general contra zombis y vampiros.  Por tanto, una huelga general que simplemente opta por amplificar una señal de conflictividad en clave de la iconografía y la mitología favorecida por un imaginario ya dominado por las instituciones que imperan en la sociedad del epectáculo nos limita mucho a la hora de articular nuestra sed de autonomía, de alternativas y de justicia social.

La huelga general puede ser un laboratorio para experimentar con otras formas más creativas de protesta y plantear nuestras comunidades como fuentes de riqueza de otros tipos.  Este año 2012, tenemos otros 365 días (¡uno extra!) para llevar a cabo acciones más atrevidas, que no siempre funcionan mejor cuando hay masividad y que pierden fuerza principalmente en función de la cantidad y la calidad de la atención que les conceden los medios del sistema.  Y lo cierto es que, después de un año de palizas constantes y una incertidumbre aplastante, lo que más me apetece a mí es tener un día entero para sentir la satisfacción de pasear en medio de la Gran Vía con la cara al sol, una birrita de una cooperativa local en la mano, escuchando una banda improvisada de música improvisada y sabiendo que esa alegría que siento le asquea a personas como este tipo:

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No es país para el conocimiento

Durante las últimas dos semanas, he vivido una curiosa experiencia extracorporal, una sensación de estar viendo mi propio cuerpo físico desde el punto de vista de un observador, fuera de mí.  No se trataba de una experiencia paranormal, sino de un diálogo con mis estudiantes de Estructura Social disfrazado de práctica universitaria y repetido 8 veces con 154 caras distintas, que invariablemente llegaba a una conclusión común: que España, Cataluña o donde sea que estamos, no es país para el conocimiento.

El planteamiento de la práctica fue tan cruel como relevante: una pareja catalana de 31 y 27 años con una formación de elite (Oxford, ESADE) que, a pesar de tener trabajo, está insatisfecha con su situación laboral y el futuro que intuye que les espera en el estado español.  Han convocado a un comité de expertos para informarles sobre sus perspectivas en otros tres países (Japón, Estados Unidos y Alemania), mientras que otro grupo trata de convencerles de que se queden donde están.  Los estudiantes se dividieron en estos cuatro grupos, y todos coincidieron en que la opción más difícil de defender era la de quedarse.

En las últimas cuatro sesiones, ya cansado de escuchar tantas veces los mismos argumentos e inspirado enteramente por un deseo de romper la formalidad del ejercicio para hablar en términos reales, durante los últimos diez minutos de mi clase, decidí lanzarles una pregunta más directa.  Les pregunté cuantos de ellos se estaban planteando migrar a otro país.  Un mínimo del 80% de las personas en estas clases levantó la mano.  Les pregunté por qué, y las respuestas que más me impactaron fueron las siguientes tres, que dicho aunque sea de paso, no me llegaron precisamente “desde la izquierda” estudiantil:

“No estoy recibiendo una educación decente en este país. No nos enseñan a afrontar los temas desde una perspectiva crítica y analítica.  Me siento rodeado de mediocridad.”

“No siento que se estime la carrera que he escogido, y a veces siento que ni siquiera se valoraría ninguna carrera que no sea una de las de siempre: medicina, derecho, economía…”

“[Parafraseando al chamán de la ilusión empresarial Emilio Duró] Si eres tonto, no debes intentar ser listo ni tener buenas ideas.  Por mucho que lo intenten, los tontos no tienen buenas ideas.  Lo que debes hacer es copiar al listo de al lado, y en este caso ese listo es Estados Unidos.”

Lo que demuestran estas tres inquietudes en su conjunto es que, a pesar de las ideologías políticas, la crítica a la dirección que se está tomando en Cataluña y el estado español es un tema de sentido común.  No hay plan para cambiar el modelo productivo, solo un esfuerzo cínico por parte de los chorizos de siempre para reinflar esa burbuja y vergüenza popular que nos supone la economía turística, la cual beneficia de manera escandalosamente desproporcionada a esa clase que siempre sale ganando en España, crisis tras guerra tras crisis.  Mientras otros países ricos apuestan por una sociedad del conocimiento para hacer frente a los desafíos de un mundo globalizado, los últimos cuatro titulares sobre España en Nature (prácticamente el Impact Factor más alto que puedes tener entre revistas académicas indexadas) fueron, en orden cronológico (y en inglés, obviamente):

  1. Spain’s vision for science (9 Feb 2010)
  2. Spain’s science budget could be slashed (17 Sep 2010)
  3. Spanish institute faces cash crisis (1 Nov 2011)
  4. Spanish changes are scientific suicide (16 Feb 2012)

Por muy agradable que puede resultar una conversación sobre astronomía o Foucault entre un camarero y un parado, actualmente no deja de ser una escena más en un espectáculo trágico que nadie sabe cuando empezó ni se imagina ya que vaya a terminar.  Es una tragedia que va más allá del drama del incumplimiento de ese sueño del funcionario, del puesto en propiedad y el trabajo de por vida, para desplegarse en la pregunta,

¿qué mierda de país es éste?

Es una pregunta que va en serio y que creo que va al fondo de lo que me parece el elemento más trágico de las razones que citaron los alumnos por las que se querían ir, esa internalización-como-autovaloración de la mediocridad. Como nos demuestran cada semana los chantajes de las agencias de calificación como Moody’s, Fitch o Standard & Poor’s, la percepción es valor.  Cuando nos resignamos a creer que la educación que recibimos no sirve de nada, aceptamos que no sirva de nada y justificamos la distancia que existe entre el modelo productivo y las aspiraciones que tenemos.

Esta distancia entre aspiraciones y realidad condiciona todos los aspectos de las decisiones y experiencias migratorias.  Y es que analizar el perfil del éxodo “juvenil” español es retratar los sueños que nos recortan.  Mientras que los gobernantes de este país buscan emplear de nuevo a precarios de obra y servicio con proyectos como Madrid 2020, los profesionales que se pierden son principalmente investigadores, médicos, biólogos, ingenieros, arquitectos e informáticos, en ese orden.  Se va el conocimiento y se queda el empleo.  Si quieres un ejemplo de lo que esto implica para la producción, aquí tienes:

No somos tontos, nos tratan como tontos. 

Nosotros no estamos sobrecualificados para esta economía. 

Es esta economía la que está subcualificada para nosotros.

Esto se puede cambiar.

 

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Abstract: Patron vs. usuario

A veces, interesa ir al nivel particular (de partículas) de lo común.  Así sonaban nuestros primeros pasos hacia el otro-en-red, desde otra concepción del tiempo.

Porque si nos detenemos un momento, para estudiar los entornos más pequeños, veremos que hay una nueva lógica que está tomando forma.

En esta lógica nueva, la libertad es poco más que la letra de una canción que sirve de algoritmo que fija expresiones alienígenas, grotescas en sus esfuerzos por aproximarse a nosotrxs:

Automatismo o autonomía.  Patrón o usuario.  Sentido o sentimiento.

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